Especie de ave

Agapornis taranta

Agapornis taranta

También: Agaporni abisinio, Agaporni de alas negras, Inseparable abisinio, Black-winged lovebird, Abyssinian lovebird

Agapornis taranta macho, verde, con la frente roja y las plumas de vuelo negras características

El agapornis taranta (Agapornis taranta), llamado abisinio o de alas negras, es el gigante del género: la especie más grande de todos los inseparables. Es un loro pequeño, colonial y activo que, como el resto de agapornis, no vive solo. Pero tiene dos rarezas que lo hacen especial: viene de la montaña etíope y es una de las poquísimas especies que se sexan a simple vista.

Cómo reconocerlo

Mide 16–17 cm y pesa hasta 60–65 g, notablemente más que un roseicollis o un fischeri. El cuerpo es verde intenso, con las plumas de vuelo negras que le dan el nombre de “alas negras” y un pico rojo coral. A diferencia del personado o el nigrigenis, no tiene anillo ocular blanco: no pertenece a ese grupo.

Macho o hembra a simple vista

Aquí está su gran ventaja: el taranta es dimórfico, algo excepcional entre los agapornis, casi todos monomórficos. El macho adulto tiene la frente roja y un anillo rojo alrededor del ojo; la hembra es toda verde, sin rojo en la cabeza. Con eso basta para sexarlo sin recurrir al ADN, lo que en este género es una rareza que agradecerás. Un matiz honesto: los juveniles son verdes como las hembras y el rojo de la frente no aparece hasta la muda del primer año, así que en aves muy jóvenes conviene esperar. Repasa métodos en la guía de sexado.

Carácter y convivencia

Dentro de los agapornis, el taranta pasa por ser de los más tranquilos y silenciosos: menos gritón y menos peleón que las especies de anillo ocular. Eso no lo convierte en un pájaro de peluche: es colonial, así que necesita pareja o grupo —en solitario se frustra y aparece el picaje—, y muerde de verdad si se le fuerza el manejo. Con paciencia y sin prisa se amansa bien. El día a día es el mismo que el del resto del género: lo tienes en la guía de cuidados básicos.

Alojamiento y dieta

Por su mayor tamaño, dale más espacio que a otros agapornis: prioriza el largo para que vuele en horizontal y piensa en 90 cm como mínimo para una pareja, o directamente un vuelo si vas a criar. Añade perchas de grosores variables, madera fresca para roer y protégelo de corrientes y humedad: tolera el fresco de su montaña, pero no el aire colado. Tienes una selección en mejores jaulas y el detalle en la jaula ideal.

En comida, la base es una mixtura específica de agapornis, reforzada con verdura a diario y, muy importante en esta especie, bastante fruta: en libertad es muy aficionado a los higos. Sumas hueso de jibia para el calcio y agua limpia. Ni aguacate ni alimentos dudosos; si tienes dudas con un alimento concreto, consúltalo en el buscador ¿puede comer X?. Todo desarrollado en la guía de alimentación y en comida para agapornis.

Genética y mutaciones

El taranta es escaso en cautividad, así que tiene muy pocas mutaciones establecidas —alguna lutino y diluidos—, nada que ver con la explosión de colores del roseicollis. Lo más valorado es el ejemplar silvestre y genéticamente puro. Si te planteas criar, entender el modo de herencia de cada carácter es clave: repásalo en la guía de mutaciones y genética, simula cruces en la calculadora genética y consulta la guía de cría antes de emparejar.

Preguntas frecuentes

¿Cómo distingo el macho de la hembra?

A simple vista, y esto es raro en agapornis. El macho adulto tiene la frente roja y un anillo rojo alrededor del ojo; la hembra es toda verde, sin rojo en la cabeza. Además el macho luce las plumas de vuelo negras muy marcadas. Es una de las pocas especies dimórficas del género, así que aquí no necesitas sexado por ADN.

¿Es verdad que es el agapornis más grande?

Sí. Con 16–17 cm y hasta 60–65 g es la mayor de las nueve especies de agapornis, bastante por encima del roseicollis o del fischeri. Por eso conviene darle una jaula más ancha de lo que recomendamos para el resto.

¿Aguanta bien el frío?

Mejor que la media, porque procede de montañas etíopes de hasta 3.000 m donde las noches son frescas. Aun así, una cosa es el frío seco y otra las corrientes de aire y la humedad: de eso hay que protegerlo igual que a cualquier agapornis.

¿Tiene muchas mutaciones de color?

No. Es escaso en cautividad y tiene poquísimas mutaciones establecidas (alguna lutino y diluidos). Lo habitual y lo más valorado es el ejemplar de color silvestre, verde con la frente roja en el macho.

¿Por qué los machos jóvenes parecen hembras?

Porque el rojo de la frente tarda en salir. Los juveniles, machos incluidos, son verdes como las hembras y no muestran la frente roja hasta la muda hacia el año de vida. Antes de esa edad el dimorfismo aún no es fiable del todo.